SABADO 9 DE MARZO DE 2013.
Salimos a las 8h de la mañana hacia Javier desde Monreal (15 km de Pamplona). Cogimos el camino de Santiago a la inversa por monte. El camino fue fácil pero había MUCHO barro! Pasamos por Salinas de Ibargoiti, Abinzano, Aibar, Rocaforte, Sangüesa y finalmente llegamos a Javier.
Por el camino nos juntamos con peregrinos a caballo (alguno calló al río), corredores… Coincidimos con menos peregrinos que en la anterior javierada, hecha por carretera.
Paramos en Abinzano a almorzar y después de recobrar fuerzas proseguimos nuestro camino.
En Rocaforte “los de avituallamiento” del grupo nos abastecieron con agua fresca y nos acompañaron en la comida. El tiempo nos dio un susto, porque mientras comíamos tranquilamente nos empezó a llover. Ainara tenía una ampolla en el talón (no so perdáis la fotaka) y no pudo seguir andando con nosotros. Después de unas ja jas bajamos hasta Sangüesa y cogimos la carretera hacia Javier (8km).
Hicimos una breve parada en el Hotel Yamaguchi (para que nuestra compañera Maite hiciera de vientre) y proseguimos la peregrinación. Cantamos y gritamos para echarnos unas risas y compartimos experiencias con otros peregrinos. Alcanzar a los que iban delante nos dio fuerzas para llegar a nuestro destino, Javier.
Llegamos a Javier hacia las 18h y nos tumbamos en la plaza para descansar (lugar en el que nos sacaron una preciosa foto para el periódico). También nos reencontramos con Ainara.
Por último, bajamos al albergue donde pasaríamos la noche. Allí nos duchamos con agua caliente y nos hicimos unos masajes (mmhhh). Miriam Oteiza nos presentó una explicación sobre los animales de la foz para conseguir la especialidad de AMIGA DE LOS ANIMALES.
Cenamos el menú típico de las javieradas: sopa, bocata de jamón con tomate y yogurt. Y después de una larga adoración del Santísimo nos fuimos a dormir.
DOMINGO 10 DE MARZO DE 2013.
Nos levantamos alrededor de las 8h y desayunamos. Después de recoger los bolsos, subimos a la plaza del castillo de Javier. Nos reunimos para que nos explicasen nuestra función como voluntarios en la Eucaristía. Al final pasamos el cestillo y sujetamos paraguas a los sacerdotes a la hora de comulgar.
Los padres nos prepararon un almuerzo muy bueno y después de la despedida regresamos a Pamplona para descansar, con mucha pena de separarnos.
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